Me voy vestida de amarillo
esta noche de Palenque
con los pasos endulzados en miel.
El cobre de los árboles mastica las pirámides.
Pira esmeralda, húmeda hoguera de hojas.
Mastícame musgo, hazme tierra, río subterráneo:
si no aluxe, autista. Lejos del mundo, llévame
a tus entrañas de agua azul, Palenque.
En un trago de pox vi el fin del mundo.
Era claro. Rojo y naranja. Ambarino.
Y entre el verde, como una mirada, la luz.
Y en el agua el reflejo cálido de los sueños.
Una partitura de peces.
Tus cascadas ya me han perlado la sien
y el tamo de su caer, esqueleto de palabras
vertebró cual marimba mis costillas.
Y en las plantas desnudas de mis pies
pálpito de un tambor, me ha nacido
una lacandonia xismática.
Estás a la orilla de un acantilado cósmico,
Palenque y pareciera que dentro de ti
se abre (y cierra) un inmenso ojo.