Eres la selva en donde emerge el árbol
de un mundo estacado.
El lugar que vio nacer al Ajaw sobre un
Chacamax que corre siempre distinto.
En tus pirámides se esconde una sabiduría
que reúne las columnas de su biblioteca
sobre canales de agua en una intemperie.
Por las mañanas, en el Templo del Conde
existe una mansión que aloja a los aluxes.
Mientras al anochecer, sus ánimas se escapan
a las sendas de un Motiepá. Más tarde, ellos
suben a las nueve aguas de la Inscripción.
Pues el fin es volar con K´inich en Xibalbá.
Eres el hombre que vuela como un pájaro.
Eres el viaje en el inframundo: ese número sin valor
que divide la vida sobre una época previa
y sobre una Edad divina.
En tus recuerdos, había un amor hacia las estrellas.
Aunque, con el paso del tiempo tu visión se enamoró
de la riqueza de las nauyacas.
Pues ¿en dónde se ha quedado tu tiempo tan preciso?
Si el mirlo aun vuela sobre las aguas de Otulum.
Si él busca tus "4" calendarios por medio del fraile
que aun respira en las hojas que van hacia la Nada.
Es verdad, tu selva ha perdido
sus flores en gran parte.
Pues el calor del 2063 ha quemado
tu pasado a través de un Capital.
Entonces ¿dónde ha quedado el llanto
que gime ya sin tus lágrimas?
Sin embargo, a pesar de los pesares
no morirá el ave que canta afuera
del museo de L´Huillier.
¡Sé qué vivirás en el pasado
y en la memoria de las ruinas!
Pues tu voz le reclamará a los edificios
y a las calles pavimentadas,
aquel gutural de los saraguatos
que se callaron junto a las plumas
de la guacamaya.
Te transformarás en el jaguar
que debe sacrificar este yermo por un paraíso.
Y desde muy lejos yo te esperé
como un árbol que respira en su soledad.
¡Con el tiempo nos volveremos
una misma imagen!
Yo seré la Selva y tú serás el Janahb´
que viaja encima de una ceiba
a través de un estado no-euclídeo.
Nuestros nombres estarán en un par glifos.
Nuestras almas se unirán en el mismo sueño
que resplandece en nuestra inmortalidad.
Juntos, estaremos en el mismo cielo que nos
abraza con amor ramificado.
Hasta el día en que nuestros pies
se petrifiquen en un árbol de maíz
y nos alimente con las aguas
de los años tropicales.
En un mundo donde las ramas
nos haga crecer, en su Cuenta Larga.
*De la Garza, M., Romero, G. B., & García, M. C. (2012). Palenque-Lakamha’: una presencia inmortal del pasado indîgena. Editorial Fondo de Cultura Económica.