EL SILENCIO se pronunció
en mi estepario mental.
Y buscando respuestas vacías,
entendí al deslizante
cristalino reptil que quise atrapar
con mis manos prohibidas.
Cerré los ojos de la memoria
para navegar en su arco-iris
junto al canto de la selva.
De nuevo traté de asirla.
En respuesta, sentí la ternura
de sus incontables y diminutas manos frías
acariciar mi rostro.
Su voz perenne enclaustró mis oídos.
La nube gélida de su voz selvática
fue cubriendo mi cuerpo lento…
y entonces, dejé que me poseyera en silencio…